EL
CASO DE YUGOSLAVIA
Consistió
en una reestructuración de la Federación con dos propuestas: más autonomía para
las repúblicas creando una confederación, o avanzar hacia una comunidad de
estados soberanos.
La
economía yugoslava estaba en un crítico período de recesión e inflación desde
mediados de los 80. Por eso las ricas Eslovenia y Croacia, cuyos PIB per cápita
(7.450 y 4.310 dólares respectivamente en 1990) y niveles de vida superan
ampliamente a los de las demás repúblicas (el PIB per cápita de Yugoslavia en
conjunto era de 2.490 dólares en 1989), decidieron separarse de la Federación.
El
gobierno federal en Belgrado rechazó la propuesta de reforma. Y ante la
imposibilidad de llegar a un acuerdo, el 25 de junio Eslovenia y Croacia
decretaron su independencia de la Federación. Al día siguiente, Belgrado
movilizó el ejército federal contra Eslovenia. Tras algunos días de combates,
una misión de la Comunidad Europea (CE) logró la retirada del ejército federal
de Eslovenia, a condición de que esta república y Croacia aplazaran su decisión
de independencia por tres meses.
Durante
la guerra en la antigua Yugoslavia murieron unas 130 mil personas y
aproximadamente dos tercios de la población fueron desplazados de sus hogares.
Numerosos casos de abusos contra los civiles pudieron ser registrados. Se
cometieron innumerables atropellos a los derechos humanos, incluidos
asesinatos, torturas, violaciones y castraciones. Se destruyeron edificios
históricos de un valor incalculable. También delitos como Genocidio, lesa
humanidad y delitos contra la población civil.
En
este sentido, las élites yugoslavas se sacaron de la chistera dos recursos que
constituirían los elementos definidores e identificadores de Yugoslavia durante
la Guerra Fría. Por un lado, en el plano económico, social y político, se creó
y desarrolló el Socialismo Autogestionario. En términos simples, se buscaba dar
mayor poder a los obreros, a las fábricas y a las repúblicas, creando un
sistema socialista descentralizado diferente al erigido en la URSS. En el plano
internacional, se desarrolló primero la política de neutralidad y posteriormente el Movimiento de
Países no Alineados.
Esos
dos recursos, que no dejaban de ser una huida hacia delante, permitieron a
Yugoslavia contar con una relativa estabilidad y prosperidad económica, política y
social, mientras que en el plano geopolítico, Yugoslavia se convirtió en la
nación más favorecida, tanto en términos diplomáticos como económicos, de los
Estados Unidos. No obstante, las cosas comenzaron a cambiar con la muerte de
Tito en 1980. Y no porque el Mariscal fuese lo único que unía a los
yugoslavos, tal y como Martín Leguineche y otros tantos repitieron a comienzos de los
90, sino porque fue a comienzos de 1980 cuando Yugoslavia comenzó a
sufrir una crisis de deuda y desempleo.
Durante
toda la década de 1980 la economía y la sociedad yugoslava sufrirían esta
crisis financiera y económica. Sin embargo, como en aquellos momentos
Yugoslavia todavía seguía siendo un socio privilegiado de occidente, el FMI
continuó refinanciando sus pagos, al tiempo que sus acreedores fueron aceptando
quitas de deuda. Sin embargo, con la caída del bloque del este entre los años 1989-1991, otros
países como Polonia o Checoeslovaquia se habían situado como socios
preferenciales de Occidente. Si Yugoslavia quería seguir disfrutando de la
categoría de nación más favorecida, debería adaptarse a los tiempos, olvidarse
del socialismo y moverse hacia el capitalismo. Después de todo, con el fin de
la Guerra Fría, Yugoslavia ya no tenía ningún valor geoestratégico.
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